03 de mayo del 2004
VIVIENDAS TEMPORALES EN CARMONA
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Viviendas temporales para 30 personas en una casa mudéjar de Carmona, Sevilla.
[proyecto realizado con Pepe del Cid]
 
El espacio urbano territorial contemporáneo favorece el protagonismo de los espacios de omisión: ausencias de lo construido, incisiones visuales; terrenos residuales, bordes; vacíos susceptibles de propiciar un tratamiento.
La expansión de las ciudades conduce a la formación de subcentros periféricos en un movimiento policéntrico que favorece tendencias de fractalización. Aparecen superficies vacías cuyos bordes crecen más rápidamente que la propia superficie; superficies caracterizadas por un crecimiento discontinuo pero sobre todo por una intercadencia de secuencias entre vacío-lleno.
Si en la ciudad tradicional el crecimiento compacto daba lugar a la predominancia del lleno sobre el fondo, en la multiciudad fractal pueden concebirse más fácilmente estructuras basadas en entramados entre vacío y lleno capaces de acoplar, interconectándolos, espacios de desarrollo y espacios de reserva.
Se trata entonces de proyectar el vacío, su forma y su disposición.
Del mismo modo que la ciudad no es ya un conjunto de elementos armónicamente agrupados y cohesivos sino una estructura de llenos y vacíos, la vivienda deja de ser un conjunto de habitaciones minuciosamente distribuidas para convertirse en un espacio destinado a la habitación/habilitación, un espacio para habitar/habilitar. Un espacio definido desde una periferia funcional y manifestado como un vacío por conquistar.
La construcción y lo equipamientos, en gruesos servidores, forman así el cuadro más estable; el resto puede, eventualmente, deslizarse al ámbito de lo temporal, lo móvil y lo polivalente.
Trasladar la lectura urbana al interior de la vivienda permite operar en sus límites, en el perímetro, en su periferia, agrupando los elementos servidores en torno a un vacío para habitar, para conquistar.
Surgirán medianeras gruesas o fachadas con servicios que operan como filtros.
Si concebimos el espacio habitable como vacío, nos permite incorporar la noción de temporalidad, de transitoriedad.
Si las partes fijas, permanentes, se agrupan en núcleos de servicio y las partes cambiables se alojan sin divisiones rígidas y con criterios de temporalidad, los cambios que sufra la unidad familiar a lo largo del tiempo serán resueltos sin profundas y costosas transformaciones.
En la definición de la habitación hemos de fijar y agrupar claramente lo que es permanente y lo que es efímero, lo que es fijo y lo que es susceptible de ser cambiado.
Si el equipamiento forma el cuadro más estable dentro de la habitación, es decir, los núcleos de servicio como partes fijas, y entendemos estos como grumos en un espacio fluido, cambiable, como nodos de una malla a la que aplicamos las tensiones del vacío habitado/habilitado , la deformación que experimenta la malla supone nuevas distribuciones de grumos inducidas por las condiciones del vacío soporte.
La malla tiene por tanto naturaleza flexible e infraestructural. No se trata de armazones totalitarios sino de sistemas adaptables y deformables, abiertos a múltiples variables y singularidades.

Manuel Gausa, José González Gallegos, María José Aranguren.

 

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